Wednesday, 3 November 2010

Caraíva

Hace casi una semana que no escribo en el blog, pero es que entre una cosa y otra no hemos tenido ocasión. Ahora mismo estamos en Rio de Janeiro, en un Ibis en la zona más aburrida y más fea de la ciudad… gracias a Dios solo hasta mañana que nos mudamos a un hotel en Copacabana-Ipanema con piscina en la azotea… Pero antes de enrollarme con Río y por aquello de seguir con la historia voy a volver a dónde lo deje la semana pasada.

La última vez que escribí estabamos en Trancoso, y nos ibamos de excursión a la playa del Espeho, en la posicion número 2 de las playas más bonitas de Brasil…. Y realmente es maravillosa. La llaman la playa del espejo porque por la mañana el sol se refleja en el mar y parece un espejo. Desgraciadamente el desayuno opíparo de la pousada no nos permitió no llegar a ver el momento reflejo, pero daba igual, es chulísima… e hicimos unas fotos guays que Barry colgara enseguida.

Para llegar a la playa de Espeho alquilamos un coche de cristales ahumados (aquí la norma) con Fernanda y Marcela, dos chicas de Rio de Janeiro majísimas. La historia de cómo conocimos a Marcela es supergraciosa. La primera vez que vimos a Marcela estaba en un chiringuito en la playa de Barra Grande con su novio, y era una de las personas sacando fotos a Luís cuando estaba paseando con su amiguina por la orilla del mar (Barry colgó las fotos). El caso es que Marcela viajó en el mismo autobús que nosotros a Trancoso y se vino a nuestra posada. Viajando con un niño te imaginas que la gente te evita un poco por aquello del rollo niño, pero nosotros estamos conociendo gente precisamente por Luis… Marcela y Fernanda adoran a Luis, y él esta encantado con sus chicas (lo podeis ver en las fotos que colgara Barry). Y es que además Luís esta siendo tan buenin que no es de extrañar, a cualquier sitio que va jugando con sus coches feliz de la vida… Esta comiendo de todo como una lima y dá las gracias todo el tiempo con el obligado, saluda a todo quisqui con el bom dia, beleza, tudo bem y chao chao y la gente se deshace. Por otra parte no ye bobu, le dan todo lo que pide.

Y pasamos un dia superbonito en esa playa, donde por lo visto un par de famosos de hollywood tienen casa, pero por más que pregunte nadie supo decirme quién. Por esta zona viene mogollón de muchirico y famosos, así que a la peña se la lleva al pairo quién es quién, no a mi que soy un poco del Hola…  El caso es que era todo super cuidado, límpio y supercaro… por no dejar, no dejaban ni poner sombrillas porque como que no pegaban… ahh y hasta ví dos tortugas gigantes sacar la cabeza del agua!

Al día siguiente dejamos nuestra pousada favorita y tras dos horas de más carretera de baches y polvo (bumpy bumpy!), más cruzar un rio en balsa llegamos a Caraíva, dónde nos esperaba Grazie, nuestra amiga y ahora también (bueno, no ahora, ahora) vecina en Londres. Grazie se vino a Caraíva por dos meses para llevar una pousada monísima compuesta por 7 casitas de colores en un jardin precioso con laguna, donde las ranas no paran de croar por las noches y los pajaros de colores te despiertan por las mañanas (mami, pacarinos pacarinos!) y en una de ellas nos hospedamos nosotros.

Caraíva ha sido lo más bonito del viaje hasta ahora.. Por Grazie y por el sitio. Grazie llego hace dos semanas y ya es la mas popular del pueblo, y todo el mundo la adora, así que de rebote a nosotros nos trataron superbien… y por supuesto a Luís más.

Y luego esta el pueblo, remoto y precioso, dónde no hay coches y todas las calles son de arena y la electricidad llego hace tres años, así que a la noche toca linterna (o alumbrar con el iphone en nuestro caso). Y todo, absolutamente todo llega al pueblo por balsa cruzando el río. Para el transporte utilizan carro-taxis llevados por un caballo, los favoritos de Luís. El sitio es realmente idílico, y a pesar de ser tan remoto en la temporada alta se llena hasta los topes de turistas brasileiros. Nosotros llegamos en la temporada baja y había super poca gente así que pudimos conocer más a la gente del pueblo.

En Caraíva pasamos 6 dias super bonitos con Grazie, bañandonos en el río, comiendo moqueca (un plato típico buenisimo) con el pescado más fresco y pasándo los atardeceres en el embarcadero y centro neurálgico del pueblo, donde veíamos llegar los barquitos con el pescado, gente, o lo que fuera, y a los niños bañandose en el río, mientras nos tomabámos zumos y acai. Por cierto, hace poco me enteré que el acai es un poco como las espinacas de Popeye y engorda a su padre y a su madre… Y nosotros poniéndonos moraos.

Mientras tanto Luís seguía con su fobia a caminar con sandalias por la arena, lo que fué realmente una agonía, porque pasamos un mes en la arena. Pero para cuando nos fuímos corria descalzo por la arena del pueblo como un niño más e hizo muchísimos amigos. Todo el mundo conocía a Luis. Al final ni Piracanga ni historias, este sitio fue dónde mejor se lo paso. Sobretodo se hizo amigo de un niño del pueblo de 7 años, Jenison, que le cuidaba como si fuese su hermano pequeño. Luís le adoraba y le imitaba en todo, incluido el saludar a lo Bahiano.

En Caraíva había una escuelita de Capoeira donde podíamos ir a ver a la gente practicar. Allí descubrí músculos que no sabía que existían. Y Luis los miraba hipnotizado… solo quería ir a ver Capoeira y luego les imitaba… ´gusta Caporeira, gusta Caporeira.

Marcela y Fernanda también vinieron a Caraíva y se hicieron super amigas de Grazie y con otros chicos del pueblo hicieron pandilla y organizaban todas las noches guateques de forro, un baile que todos dominaban de manera deprimente. Barry y yo hicimos un tímido intento de aprender, pero parecíamos la versión forro de Paquito el chocolatero. El caso es que todo era buen rollito y nos dió una pena terrible marchar (lágrimas incluidas). Tenemos un video buenísimo de Luís en el carro-taxi como si fuese en el papamobil despidiéndose del pueblo (mas concretamente un ´doggy´ que pasaba) (que conste que iba bien agarrao en el carro y bajo mi atenta mirada).




Pero tan remoto era el sitio que comprar nuestro  vuelo a Rio se estaba volviendo una pesadilla y no nos quedo otra que irnos a Arraial de Ajuda, cerca de Puerto Seguro, donde el mismo Lunes por la mañana compramos nuestro vuelo a Rio, a Iguazu y a Buenos Aires… asi que rompimos la hucha, vamos… y salimos directamente en taxi al aeropuerto.

Y así llegamos a este feo hotel, porque la de la agencia insistió en reservarnos un par de noches (creo que no ha oido hablar de expedia). Pero hoy nos dió igual, porque pasamos un día superbonito con Marcela y Fernanda (ya de vuelta en Rio), y con la hermana de Marcela y una amiga. Por la mañana cogimos el tranvía (chu-chu train, chu-chu train!) para ir al barrio empinado de Santa Teresa, en chanclas y con silla de Luis, que cualquier día se desintegra, no lo recomiendo. Y comimos en un sitio super bonito con nuestras amigas, que por la tarde nos llevaron al jardin botánico y a ver atardecer en la laguna…. Y nos sentimos super bienvenidos en esta ciudad tan fea a veces (vease, nuestro barrio actual) y espectacular siempre.


4 comments:

  1. y mis probres gemelillas todos los días al cole hasta las 5...si os conocieran pedirían cambio de familia. besos

    ReplyDelete
  2. O no Gemma! Yo creo que Luis ahora cambiaría playa por un buen tobogán un besazo enorme!

    ReplyDelete
  3. Saudade!!! Jo encontre a Jennison hoy e una otra chica da capoeira (que ahora es mia estudiante de Ingles) y los 2 - "e o LUis? cade o Luis?" beijos

    ReplyDelete