Monday, 29 November 2010

Salta y Tilcara


Escribo esto desde un bús de Tilcara a Jujuy, donde cogeremos nuestro próximo super bús con destino Córdoba. Y nos vamos como siempre con penita, pero que buéno irse de los sitios con una penita así...

Pero vayamos por partes. Salta. Lo habiamos dejado en el autobús con destino a Salta, que no estuvo nada mal. Sobretodo porque esta vez Luís durmió con Barry y a mi sólo me toco contar vaquitas y caballitos y camiones yellow por la mañana… El caso es que estuvo bien. Yo realmente viajo más tranquila en estos autobuses de noche que en avión. Y llegamos a Salta donde nos hospedamos en el hostel “salta por siempre”, un sitió no precisamente lujoso pero con gente muy maja y lo mejor… con dos tortugas que a Luís le volvieron loco. El primer día estábamos un poco reventaos así que nos fuimos a dar un paseo por la ciudad, que es super bonita. Nos habían hablado mucho de Salta y de la región, al noroeste de Argentina, ya de camino a Bolivia, y también nos diijeron que en esta zona no había nada y super poca infraestrura. Yo no sé de dónde salió eso. Salta no sólo es la ciudad más bonita que hemos visitado hasta hora, sino que tiene buenísimos hoteles y restaurantes y supermercados como en cualquier lugar. Encima pillamos lluvia, así que ni siquiera encontramos mucho calor. Y la gente encantadora. La ciudad es muy limpia y cuidada y esta llena de edificios coloniales preciosos. Nada mas llegar, como teníamos poco tiempo, nos reservamos una excursión a la quebrada de Cafayate, uno de los sitios más emblemáticos de la zona. Y nuevamente, con lonely planet en mano, como borregos nos fuimos a cenar a Las Leñitas unas costillas de escándalo regadas de un vino blanco torrontés, que es el vino de la zona y está que te mueres. Me doy cuenta que en el blog hablo mucho de que si vino por aqui y vino para allá. Hago una alto para reafirmar que no me he entregado a la bebida, una copita o dos con la cena y para de contar… pero es que está muy bueno y merece mención.
Sáltando en Salta
Viñedos en Cafayate en la quebrada

Al día siguiente nos vino a buscar una furgoneta y junto con tres australianos más salimos de excursión a Cafayate y los valles calchaquies. No sé si seré yo, pero todos los australianos que he conocido parecen sacados de una anuncio de cereales sanos, nutritivos y energéticos. Todos son super deportistas y por regla general todos me hacen sentir como salida de un anuncio de mantequilla (por aquello de seguir con la metáfora anuncio). Y estos no iban a ser menos, sobre todo la chica, que media casi dos metros, tenía unas piernas como mármobles y hacia surf, montaba a caballo y yá dejé de preguntar. La excursión fué larga pero estuvo guay, y como dije, la quebrada es espectacular. Cafayate es un pueblin muy mono, y el super centro del vino torrontés, pero nos quedamos sin visitar la bodega prometida porque estaba cerrado. Cualquiera que siga el blog se habrá dado cuenta a estas alturas que lo de las descripciones detalladas no es lo mío, así que pondremos fotos (las mejores de la quebrada van a estar en el post de Barry). Lo mejor de todo fué a la tarde, cuando nos fuimos a un pantano (el segundo más grande de Argentina, ahora no me acuerdo del nombre…) porque los olímpicos habian quedado, cómo no, en saltar un puente haciendo buggie jumping (la modalidad en la que te agarran de los pies y te quedas como un yoyó pa arriba y pa abajo). Intentaré cargar el video de uno de ellos. La verdad es que vaya huevos, sobre todo la chica, que se tiro así como sin pensarselo. Cuando acabaron, Luís se puso a llorar pensando que los siguientes en saltar éramos nosotros. Angelito (e iluso).

Valles calchaquies (Barry colgará fotos mas chulas de esto)

Y tras un día agotador de montañas y deportes de riesgo volvimos a Salta, donde nos entregamos a nuestro deporte favorito, esta vez un matambrito de cerdo, que de nuevo no sé que parte es, pero que esta buenísimo.

Nuestra última mañana en Salta nos la pasamos subiendo en el telesférico (chuchu tren por el aire) a un alto para ver la panorámica de la cuidad, que la super recomiendo.

Por la tarde nos cogimos el autobús (cuatro horas y pesadísimo) a Tilcara, nuestro siguiente destino.

Que conste que esto parece superorganizado, pero que estas dos últimas semanas las decidimos en nuestro último dia en Mendoza y con la ayuda de Lorena y Francisca, la mamá de Mylene, que nos dijo de hostels buenos para ir con niños.

Y Tilcara, ay Tilcara. Lo peor de Tilcara fué que nos pudieramos quedar allí una semana en vez de dos dias. Tilcar, en la provincia de Jujuy, es un pueblín super pintoresco enterrado en la Quebrada de Humahuaca que es patrimonio de la Unesco. Para que os hagais una idea, el pueblo está yá muy al norte de Argentina, casi llegando a Bolivia, y te encuentras las típicas casitas de adobe y la población quechua vistiendo mil colores. Todo el mundo nos dijo que aquí la gente era encantadora, y es cierto, es como la antítesis de Buenos Aires. En Tilcara aterrizamos ya de noche, en la casa los Molles, que fué una de las razones por lo que nos hubieramos quedado una semana. La casa es super chula y nos dieron una cabañita de adobe (creo que era adobe), monísima. Pablo y Santiago nos hicieron sentir como en casa de unos amigos. Y más aún porque se pasaban el dia oyendo a Juaquin Sabina y Calamaro. Así que imaginaros, un sitio idílico, mirando a la montaña roja de la quebrada, oyendo a Sabina todo el día (bueno, a mi que me gusta Sabina). Pablo me recordaba al Che Guevara sin boina (ya lo sabes Pablo), y Santiago, un hippie con rastas, está trabajando en la casa haciendo un alto en su plan de viajar en bici a Méjico (con fecha de destino indefinida). Los dos eran (y son) super tiernos con un punto cabroncete muy divertido, y nos encanto compartir con ellos nuestro último día en Tilcara comiendo un asado con la quebrada de fondo.
Con Pablo y Santiago en Los Molles
Luis en el jacuzzi

Desde Ticara hicimos una excursión por nuestra cuenta a Purmamarca donde se encuentra el cerro de los siete colores. El pueblo es muy bonito, y el cerro, que recorrimos con Luis en la silla, (eramos una imagen un poco imposible, con la silla del niño por el camino de la montaña roja) es una pasada. Ya a última hora decidimos compartir un taxi con un chico argentino y e ir a visitar unas salinas que se encuentran a 80 km de Purmamarca. Craso error. La carretera a las salinas era toda curva y recontracurva subiendo por montañas hasta alcanzar 4000 metros de altura. La ida bien, la salinas muy expectaculares, aunque no tanto porque estaban secas. A la vuelta, justo cuando empezabamos a bajar la montaña, Luis se mareo y nos echo la mini pota. Para que os hagais una idea, el taxi era de estos plastificados por dentro lleno de carteles de los de no comer, no fumar, no toser y no respirar… así que cuando dije… “oye por favor podriamos parar es que el niño se ha puesto a vomitar” creo que hicimos una marca de neumático en la carretera. A todo esto Barry y yo conseguimos contener la cosa en el gorrito de Luis así que no fué tan drámatico. Pero lo peor fué que nos sentimos fatal viendo a Luis malín. A ver… solo nos quedan 5 dias de viaje y no se ha puesto malo ni una sola vez… pero dá igual, nos dió penina, así que el taxi nos trajo directos a la casa y a sus coches, y a los quince minutos estaba otra vez feliz y contento.
Una vez más comida vegetariana...

Y cómo decía, el último día pensabámos ir al pueblo de Humahuaca, pero los chicos del hostel, Pablo y Santiago, nos tentaron con una super comida y allí nos quedamos, disfrutando del paisaje y de la compañia hasta la hora de coger el bus.

No comments:

Post a Comment